El autosabotaje: 3 Claves para combatirlo

Cuando tu mente se convierte en tu peor enemigo

Sabiamente planteaba Buda, uno de los más grandes maestros de la historia, que “ni nuestro peor enemigo puede hacernos tanto daño como nuestros propios pensamientos” y es que en la mayoría de las ocasiones somos más críticos, exigentes y duros con nosotros mismos que con los demás.

 

¿Por qué ocurre esto?

Nuestras experiencias determinan la forma en la que en nuestro inconsciente se instauran creencias y pensamientos limitantes que afectan nuestro autoconcepto, de esta manera, un fracaso o una falla del pasado, se revive permanentemente en el presente cada vez que “nos identificamos” con ella. Imagina que en alguna ocasión alguien importante para ti te dijo que eras un mal dibujante, esa opinión desencadenó en ti una emoción dolorosa y, desde entonces, asumiste como cierto el hecho de que definitivamente no eres bueno para el arte, así a lo largo de la vida, evitaste explorar tus capacidades en el dibujo porque al exponerte a un lápiz y un papel automáticamente declaras: “pintar no es lo mío”.

El autosabotaje puede hacerse presente en aspectos tan simples como el ejemplo anterior, pero también en situaciones de alta relevancia como el establecimiento de metas y objetivos. En muchas ocasiones, los propósitos personales requieren de un alto nivel de compromiso, pero cuando nuestra mente se convierte en nuestro enemigo, de manera inconsciente atacará nuestras iniciativas con cuestionamientos acerca de nuestras capacidades y nuestros recursos o evocará situaciones similares en las que hemos fallado en el pasado, todo esto, en un esfuerzo por evitar que sufras dolor o que tengas que adaptarte al cambio, pues finalmente, para tu mente puede resultar más cómodo y menos estresante que no inicies nada nuevo y permanezcas en tu zona de confort.

Entonces, ¿Qué se puede hacer al respecto?

  1. El primer paso será siempre observar esos pensamientos que son limitantes y con los cuales te identificas, es necesario hacerlos conscientes para que se vuelvan evidentes para ti, ejemplos de este tipo de creencias, pueden ser ideas como: “Yo soy muy tímido” “No suelo caerle bien a los demás” “Nunca termino lo que comienzo” “Ya es muy tarde para hacer un cambio” “Ya lo he intentado antes” “Seguro vuelvo a fracasar” “Las oportunidades siempre llegan a otros y no a mí”, entre muchas más.

 

  1. Una vez establecido el pensamiento, es necesario romper nuestro vínculo con él, en otras palabras, debemos dejar de identificarnos con la creencia y reemplazarla con una nueva. Cuando decimos: “Soy impuntual”, estamos decretando que esto es lo que hemos sido, somos y por lo tanto seguiremos siendo, de esta manera, difícilmente podremos generar cambios al respecto. Una forma correcta de afrontar este hecho sería afirmar: “En algunas ocasiones he tenido comportamientos de impuntualidad, ahora estoy trabajando en mejorarlo” así, rompemos la identificación con la creencia y abrimos la posibilidad de crear nuevas alternativas en el futuro.

 

  1. La compasión con nosotros mismos es fundamental, esta no debe entenderse como la victimización o la justificación, sino como la capacidad de comprender que al igual que todos, nosotros también podemos cometer errores y que a lo largo de nuestra vida estos nos ayudan a integrar aprendizajes. Una técnica que recomiendo con frecuencia a mis pacientes, es que se hablen a sí mismos con la misma ternura y delicadeza con la cual hablarían a un niño pequeño. A un niño que está aprendiendo montar bicicleta ¿Le dirías que es un fracasado por caerse en el intento? ¿O que deje de insistir porque nunca lo logrará?

 

Pon en práctica estos sencillos pasos, procura ser cuidadoso e higiénico con tus pensamientos, trátate con dulzura y no olvides que la única persona con la que estas las 24 horas del día es contigo mismo, así que, vale más que te vuelvas tu aliado, tu fan número uno y en especial tu ¡mejor amigo!